Freitag, 21. Januar 2011

Duvalier en Haití

por Fran Sevilla el 19 Ene 2011 | URL Permanente
Se presentó por sorpresa, aunque parece evidente que alguien como él no podía viajar de incógnito y otros lo sabían. Seguro que lo sabía el gobierno francés, que lo tenía acogido desde hace 25 años, en su exilio dorado, y también lo sabía el gobierno haitiano porque es difícil si no explicarse cómo ha llegado a Puerto Príncipe, en vuelo de Air France, con pasaporte diplomático haitiano. Fue recibido y se le dio escolta hasta el hotel en el que se ha alojado.
Hablar de los Duvalier, de François, Papa Doc, y de Jean Claude, Baby Doc, es recordar un tiempo de horror en Haití, donde a la pobreza de siempre se añadía la brutal violencia de la dictadura y de sus milicias populares, los temidos tonton macoutes, que junto al ejército y la policía impusieron un régimen de terror y sangre. Decenas de miles de haitianos perecieron víctimas de una represión inmisericorde.
Durante esos 30 años, los Duvalier saquearon el país, hundiéndolo un poco más en el pozo de la miseria. Las excentricidades, los cuantiosos lujos, el gusto por la ostentación, eran la seña de identidad de una dictadura que se aupó y se sostuvo gracias al apoyo de Estados Unidos y de Francia, la antigua metrópoli.
Papa Doc se hizo nombrar presidente vitalicio y a su muerte, en 1971, su hijo “heredó” la presidencia. Baby Doc sólo tenía 19 años y también aspiraba a ser presidente vitalicio. Pero los haitianos, cansados de tanta vesania y tanto latrocinio lo echaron un siete de febrero de 1986.
Ahora Jean Claude Duvalier ha vuelto a Haití. Al llegar dijo que había venido “a ayudar”. Una buena ayuda sería devolver los muchos de millones de dólares que robaron él y su familia durante la dictadura. Pero es evidente que no va a haber devolución.
Resulta ofensivo e hiriente que un personaje como éste pueda seguir viviendo impunemente, a pesar de los crímenes cometidos. Su desfachatez es mayúscula presentándose en este momento en el que Haití arrastra las trágicas consecuencias del terremoto, de la epidemia de cólera y de la miseria endémica. Y en este momento de crisis política, sin saber cuándo se celebrarán la segunda vuelta de las elecciones ni quienes acudirán. Una crisis alimentada por el actual presidente, René Preval, que pretende seguir controlando el poder en la sombra y beneficiarse de las millonarios contratos que deberán realizarse cuando comience la reconstrucción. Al final, Haití siempre tiene la desgracia de soportar a presidentes corruptos y déspotas que aspiran al poder vitalicio. Y los haitianos se mueren de hambre vitaliciamente.
fran.sevilla@rtve.es

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