Egipto y el futuro
Egipto es uno de esos países que atrapa. Su dimensión histórica, cultural, humana es inabarcable. Hay algo que a uno le seduce, que a mí me sedujo desde la primera vez que estuve allí y que fue ahondándose con el paso del tiempo y de los viajes. Especialmente El Cairo. Una ciudad que tiene tanto de cosmopolita como de aldea; y en esa extraña simbiosis entre lo local y lo que desborda las fronteras surge una magia única; puede ser un salto hacia el futuro o una regresión. Nadie puede saberlo aún.
Hoy Egipto, El Cairo, porque el Egipto de hoy es El Cairo o no es, se asoma al abismo, a esa incertidumbre que dan los espacios abiertos al todo o la nada. Quizás no ocurra nada o quizás ocurra todo. Es difícil saberlo y no lo sabremos hasta dentro de bastante iempo; no pasado mañana, ni siquiera dentro de un mes. Pero al igual que ha ocurrido en otras ocasiones en el pasado, ya fuera cuando los fatimíes abrieron un nuevo espacio en el Islam, ya fuera cuando Salah al Din (Saladino en Occidente) inició la reunificación del Oriente Próximo, o cuando Mohamed Alí se liberó del doble yugo de los imperios occidentales y del imperio Otomano, o cuando Gamal Abdel Nasser encabezó la revuelta de los jóvenes oficiales, al igual que ha sucedido a lo largo del último milenio, hoy Egipto, El Cairo, se convierte en epicentro de un cambio que puede resultar histórico.
No sólo está en juego un sistema político, una presidencia como la de Mubarak, un dictador más o menos; lo que está en juego tiene que ver con un modelo en un país, en un lugar, que tradicionalmente ha marcado un rumbo en la toda la región. Y que probablemente va a volver a marcarlo.
De lo que ocurra estos días en Egipto, en El Cairo, dependerá en buena medida lo que ocurra en todo el Oriente Próximo, y dependerá también el devenir de la historia de nuestros días en otras zonas del planeta.
No resulta fácil transmitir la sensación de momento histórico que uno percibe en lo que está aconteciendo, en lo que se está viviendo. Pero creo, sinceramente, que estamos ante uno de esos momentos que pueden hacer cambiar el rumbo de la historia.
Lo vivo desde la distancia pero sintiéndolo como algo próximo. Como si estuviera transitando ahora mismo por lacorniche, a orillas del Nilo, por la emblemática plaza Tahrir, por las avenidas de Zamalek, por los vericuetos del barrio islámico y sus mezquitas, por el barrio copto, por los callejones del Hani Halili. Y quisiera estar allí. Negarlo sería mentir. Creo que en Egipto se juega hoy buena parte del futuro de nuestro mundo, de la historia, aunque sea con minúsculas, de las próximas décadas.
fran.sevilla@rtve.es

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