Egipto, ¿donde todo comienza?
Me envía un amigo la imagen de un anuncio turístico que dice “Egipto, donde todo comienza”. Este anuncio publicitario parece haber sido pensado, con un doble sentido, para estos días. Aunque, inevitablemente, yo le añadiría el signo de interrogación. Algo así como “Egipto, ¿Dónde todo comienza?”.
Hay una lectura sencilla y positiva de este mensaje que a uno le gustaría se concretara: estamos ante un nuevo comienzo, una nueva realidad para Egipto y para el mundo árabe. Porque un cambio en Egipto es un cambio en el mundo árabe. Egipto ha sido el centro del mundo y la cultura árabes desde la caída del califato Abasí de Bagdad, hace casi ocho siglos.
Comprobar cómo centenares de miles de egipcios se han lanzado a las calles, han ocupado la plaza Tahrir, un lugar emblemático en El Cairo, y están dispuestos a seguir allí hasta que Hosni Mubarak se largue, supone todo un acontecimiento, todo un nuevo comienzo para una país en el que los ciudadanos han estado tradicionalmente excluidos de cualquier decisión política. Pero no va a resultar fácil. Mubarak, como otros dictadores árabes, ha tejido una red de clientelismo político desde la que va a intentar maniobrar y tras la que va a intentar parapetarse. Esa actitud política, inevitablemente, abre la puerta a la violencia, como ya está ocurriendo.
Egipto se asoma así al abismo. Y lo que pudiera pensarse que es un nuevo comienzo corre el riesgo de transformarse en un viejo conflicto, el de una dictadura y sus secuaces contra su propio pueblo. En esta ocasión, no obstante, hay un elemento que puede evitar el baño de sangre, que lo ha evitado hasta ahora. El Ejército egipcio ha rechazado acatar las órdenes para reprimir a los manifestantes que exigían y exigen la dimisión de Mubarak. Un ejército que, probablemente, está descontento por la corrupta dilapidación de los recursos del estado (sin participar demasiado en el reparto del pastel) y por la intención del todavía presidente egipcio de colocar a su hijo Gamal como heredero político para ocupar la presidencia.
Son horas de incertidumbre en Egipto, un país dónde la inmensa mayoría de la población lleva años viviendo en la miseria, apartada del desarrollo económico, gobernada por déspotas corruptos. Y, a día de hoy, nadie puede garantizar que asistamos, verdaderamente, a un nuevo comienzo para Egipto.
fran.sevilla@rtve.es

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