Corria el mes de marzo de 1957 cuando se desato una epidemia de gripe muy importante en Montevideo. En los Talleres de Don Bosco habian aparecido los primeros casos entre los internos y cuando el numero de enfermos empezo a crecer los curas decidieron dejarnos ir a casa para evitar una epidemia. Yo tambien me la habia agarrado pero creo que eran mas las ganas de salir la que me hacian sentir fiebre y llego el dia en que mis padres por indicacion de los directivos del colegio me vinieron a buscar y me llevaron a casa hasta que me recuperara. Estaba deseando conocer la nueva casa que estaba ubicada en la barriada del Cerro, un barrio para mi totalmente desconocido. La casa estaba ubicada en la calle Grecia esquina Austria, y era una vieja casona de principios de siglo con muchas habitaciones que se utilizaban como consultorios, pues era un dispensario del Ministerio de Salud Publica para la lucha antituberculosa, en la parte de atras vivian mis padres y tambien disponian de varias habitaciones y un comedor con grandes ventanales que daban a la bahia, el paisaje era espectacular, pero las gallinas del vecino que vivia atras nuestro encerradas en grandes gallineros y las chimeneas de las curtiembres que estaban en la calle Egipto me hacian recordar que no estaba en un barrio turistico sino que estaba en el Cerro, una villa de unos 120.000 habitantes donde la principal fuente de trabajo eran los tres frigorificos alli instalados, el Castro, el Swift y el Nacional, la industria de la carne en aquella epoca estaba en pleno auge y los obreros de los frigorificos tenian un buen pasar. Es el unico barrio que le brindo un homenaje a sus habitantes en una gran mayoria llegados de todos puntos de europa poniendole a sus calles nombres de paises, asi la calle principal se llamaba Grecia, solo la calle Juan V, Viacaba o Carlos Maria Ramirez rompian la egemonia.
Al segundo dia de estar en la casa ya no tenia fiebre asi que me dedique un poco a salir y conocer el barrio. Nada que ver con los barrios en que habia vivido anteriormente, que eran barrios mas "pitucos" donde vivia la burguesia de media para arriba, este era un barrio de gente obrera y emigrantes, alli podias tener un vecino polaco como un vecino ruso o armenio y era la cosa mas normal del mundo. El Cerro era un conglomerado de nacionalidades y razas. Habian pasado unos tres o cuatro dias cuando Marta empezo a insistir que yo ya me encontraba bien y deberia volver a la escuela, un mediodia estabamos los tres sentados a la mesa para almorzar unas ricas milanesas que habia cocinado Marta ( porque cocinar cocinaba muy bien, tengo que reconocerlo) cuando se genero una discucion entre mi padre y ella por el tema de volver a la escuela. Mi padre le recrimino que me quisiera mandar de nuevo a los talleres en tan corto plazo y la discusion fue subiendo de tono hasta que mi padre en un arranque de furia barrio los platos que estaban sobre la mesa de un manotazo, platos rotos y milanesas desparramadas por el suelo fue el final de la discusion. No recuerdo a mi padre hacerle frente a Marta en mi defensa mas que esa vez. Mi viejo habia dejado de navegar, vendio la motocicleta y se compro una camioneta Pick-up Chevrolet con la cual empezo a repartir vino de una bodega que estaba ubicada en Carreras Nacionales y Gral. Flores. Pese a la presion que ejercio mi viejo sobre Marta para que aprovechara a quedarme unos dias mas en casa, al cabo de los seis dias ya estaba de vuelta entre los cuatro muros de los Talleres de Don Bosco. Mi vida dentro de la escuela ya no era la misma, sabia que tenia los dias contados y ya no me tomaba en serio los estudios, cuando eso estaba cursando el tercer año de tipografia, y asi fue que en el mes de mayo mi padre me vino a recoger con todos mis objetos personales. Esa tarde mire por ultima vez los muros de los Talleres de Don Bosco y tengo que reconocer que una mezcla de alegria por un lado, y una nostalgia por los momentos vividos entre esas cuatro paredes, donde habia compartido tantas horas de juegos, alegrias y desdichas con amigos como Jorge Olivera o el flaco DeMarco me inundaban el alma. A Jorge no lo volvi a ver nuncas mas, supe que tiempo despues de mi partida el tambien se fue. Al flaco lo encontre muchos años despues y reanudamos una pequeña relacion, seguia siendo el mismo hijo de puta, en el buen sentido de la palabra, y de el fue la idea de prestarme un dia un libro que le habia "choreado" a una de sus hermanas y que segun el, lo tenia que leer sin falta, fue asi que llego a mis manos la decimaquinta edicion original editada en Barcelona de "Memorias de un princesa rusa" best seller de la literatura erotica de la epoca y que yo y mi nobel esposa leiamos capitulo tras capitulo todas las noches para luego dejarlo escondido debajo del colchon evitando que lo viera mi suegra.
Pase el primer fin de semana en la nueva casa y rastreando el barrio, En aquella epoca el Cerro contaba con cuatro cines, dos de mucha categoria, como lo eran el Cerrense o el Cosmopolis, dos equipos de futbol el Club Atletico Cerro y Rampla Juniors, rivales a muerte hasta el dia de hoy y yo por esos misterios del destino me incline por Cerro, no se, a lo mejor por los colores celeste y blanco como la bandera. El lunes mi viejo me llevo a presentarme a la casa del profesor jubilado que me iba a preparar con el examen de la Escuela de Mecanicos de la Armada. Recuerdo que era una casa en la calle Bogota y que el profesor se llamaba Labat, a partir de alli iba cuatro veces por semana todas las tardes para ponerme otra vez al dia con las materias del examen.
Por las mañanas acompañaba a mi padre en el reparto de vino y poco a poco el viejo me empezo a enseñar a conducir la camioneta. El acomodar las damajuanas de vino unas de 10 litros y otras de cinco era todo un arte porque con el trajin del camino se podian golpear entre si y romperse, aunque yo me encargue en los primeros tiempos por novato de romper unas cuantas. Durante los meses de junio hasta diciembre alterne mi vida ayudando al viejo por las mañanas y a la tarde estudiando, cosa que no me quitaba tiempo para patearme el nuevo barrio de arriba abajo. Un dia caminando por la calle Grecia me encuentro de frente con un antiguo compañero de los Talleres de Don Bosco, el "pato" Calo. Lo que habia sido solo un contacto visual durante casi tres años en los Talleres, ahora se transformaba en el primer conocido que haria en el Cerro y con el tiempo el primer amigo que tuve en el nuevo Barrio. ( Continuara)
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