Montag, 29. November 2010

En un mar de tiburones - Ajuste de cuentas (3)


De estatura regular mas bien delgado, tenia una frente ancha que se acentuaba por la falta de cabello, nariz fina y con las varices muy marcadas en la cara como suelen tener los alcohlicos Si mal no recuerdo, su nombre completo era Diego Benitez Gallo y era nativo de un pueblo del departamento de Lavalleja llamado Pirarajá. Era bastante pendenciero, principalmente cuando tenia un par de copas, y siempre portaba un puñal con mango de plata y oro como los que usaban los gauchos. Se ve que borracho el arma le servia de poco, porque un par de veces le rompieron la cara en algun boliche, seguramente haciendo alardes de fanatico Herrerista del Partido Nacional. Mas de un domingo arruinaba la sobremesa por discusiones de politica o de futbol ( en la casa eran casi todos del partido Colorado) principalmente el abuelo Dante que era un fervoroso Batllista de los del viejo Batlle y una vez la discusion casi llego a mas, solo la actitud de los otros miembros de la familia logro tranquilizar los animos. Ese era a grandes rasgos el curriculum que acompañaba al marido de Chiquita. Mientras mi niñez transcurria como todos los niños jugando en la calle con mis primos y amigos del barrio. Cristina habia recibido como regalo de
reyes un sulky a pedales con un hermoso caballo blanco y entre todos lo ibamos empujando a gran velocidad por las veredas del barrio cuando no estabamos en la Plaza Sabini pateando una pelota o simplemente haciendo las travesuras tipicas que hacen todos los nlños en esas edades. La abuela Maria como buena mujer de costumbres antiguas, siempre tenia un frasco escondido en el jardin con agua y una ramita de ruda macho, adentro ponia unos centesimos para que dieran suerte y dinero, segun ella, la aventura era encontrar el frasco quitarle las monedas y con ellas comprar al heladero que religiosamente pasaba todas las tardes de verano por la calle Veracierto un par de helados palito. Despues habia que soportar el enojo de la abuela cuando veia que las monedas desaparecian, eso si, nadie delataba a nadie, y la pobre vieja volvia a poner las monedas en el frasco. El corredor de la casa tenia un cantero lleno de ruda y las plantas crecian muy altas, me parece sentir todavia el olor que desprendian al tocarlas cuando pasabamos por alli, era tan fuerte que la abuela desde dentro nos gritaba: ¡!dejen las rudas tranquilas!! Como buen hogar uruguayo no faltaban los animales de compania, dos perros un gato y una cotorra en su jaula de laton que aprendia todo lo que le enseñaban, una de sus frases favoritas era: ¡ mira que te pego!! Tanto escuchaba esa frase dirigida a alguno de nosotros durante el dia, que se la sabia de memoria. La lora se llamaba Coca y estaba encima de una mesa en el patio interior de la casa , era de la abuela, ella tambien tenia una perrita Fox-Terrier blanca que se llamaba Titina, el gato era de mi madrastra Martha, un felino atigrado gris bastante grande que era de pocos amigos, lleno de cicatrices por las continuas peleas con otros gatos del barrio, solo Martha lo podia tocar, era mejor esquivarlo si no querias llevarte un buen zarpazo, por esa razon, como amor con amor se paga, lo viviamos corriendo en cuanto lo teniamos a mano. El otro perro se llamaba Ciruja y era del marido de Chiquita, el tipico cusco callejero marron y blanco y con un caracter muy parecido a su dueño. Los niños por lo general son bastante crueles con los animales y yo no era una excepción . Era sabido que el perejil es un veneno para las cotorras y cuando acompañaba a la abuela a comprar las frutas y verduras en la feria al volver dejaba la bolsa de la compra arriba de la mesa al lado de la jaula para que las ramas de peregil que asomaban las comiera la cotorra. La pobre vieja tuvo que comprar mas de una cotorra. Entre los juegos y la escuela vivamos nuestra niñez, yo cuando eso tenia unos 10 años, mi padre navegaba en un barco que llevaba trigo a granel para Brasil y lo veia una vez al mes, mientras Martha trabajaba de enfermera en el hospital Saint Bois para enfermos de tuberculosis. En esa epoca yo padecia de un problema de incontinencia y me orinaba en la cama durante la noche mientras dormia, a la mañana al despertarme y sentirme mojado ya sabia que me esperaba una buena paliza, pero no lo podia controlar y muchas veces me despertaba por la noche ya mojado y no podia dormir mas pensando en los zapatillazos en el culo que me esperaban, con el culo mojado me ponia en sus rodillas y me daba hasta cansarse, pero aun asi no podia lograr que lo dejara de hacer, probo mil formas para remediarlo y una de ellas aconsejada por no se quien, era hacerme orinar encima de un ladrillo caliente. Martha tenia una amiga que se llamaba Rosa y tambien era enfermera en el Hospital de niños Pereira Rosell, ironias del destino, en ese hospital me habia traido mi madre al mundo 10 años antes, y me llevo a que me investigaran el porque de esa incontinencia, recuerdo que me sondaron y pase unos dolores imensos, todo en vano, yo seguia meandome en la cama y asi fue hasta que a los 12 o 13 años deje de hacerlo de un dia para otro y nunca mas me sucedio, hoy pienso que todo fue un problema psicologico desarrollado por las vivencias a mi corta edad. Diego los domingos a veces se quedaba en la casa y ese domingo se ofrecio para llevar los ninos a la playa. La playa de Malvin a la altura de la calle Yaco quedaba a escasas 2 cuadras de la casa, para nosotros era un dia de fiesta poder ir a la playa y jugar toda la tarde, pero algo sucedio esa tarde que mi mente de nino con 10 anos no entendia. Estabamos jugando todos muy cerca de la orilla, los tipicos juegos que se hacen dentro del agua, empujarse, tirarse agua, o intentar pasar por las piernas del otro para luego voltearlo, cuando en un momento determinado note como que alguien me hacia tocamientos por abajo del agua, mi sorpresa y confusion fue enome cuando vi emerger del agua al lado mio a Diego sonriendome. Lejos estaba yo de imaginarme lo que me esperaba en un futuro. Totalmente aturdido volvi para casa, no sabia que hacer, nadie me creeria la historia, las personas que yo tenia mas confianza no lo van a creer , me decia, y despues tendria que soportar una persecusion de Diego sin nadie que me defendiera, le iba a contar a Chiquita que su marido era un degenerado y que me habia tocado el culo abajo del agua? a lo mejor hasta me podia llevar una buena paliza por mentiroso!! Mi pequeno cerebro no podia trabajar bien la situacion. Poco duraron mis dias felices de 1950 donde todas mis preocupaciones eran jugar a la pelota, estar con la barrita de botijas para organizar la proxima travesura o como esquivar mejor a "Los Pirilos" que tenian fama de guapos, de ahora en adelante mi preocupacion mas grande la tenia en casa. Aqui empieza una etapa de mi vida donde el cerebro, posiblemente por defensa natural, trata de borrar de nuestros archivos. (Continuara)

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